Estás parado en el lote con el celular en una mano y el plano doblado en la otra. Del otro lado contesta un ingeniero que te pasó el maestro de obra. Te pregunta el área, cuántos pisos vas a levantar y en qué vereda queda. Tú respondes lo que puedes. Él dice que sí, que lo hace, que te manda la propuesta esa noche. La llamada dura cuatro minutos. Cuelgas y te quedas con una sensación rara: no es que desconfíes del ingeniero, es que no tienes ni idea de qué le acabas de comprar.
Esa sensación es completamente normal y tiene arreglo. No necesitas aprender geotecnia para contratar bien un estudio de suelos. Necesitas otra cosa: saber qué preguntar y, sobre todo, reconocer cómo suena una respuesta sólida frente a una respuesta que se queda en el aire. Un profesional serio no se incomoda con las preguntas; al contrario, la mayoría agradece hablar con alguien que se interesa por el alcance, porque eso evita malentendidos después, cuando ya hay una obra parada esperando un dato.
Este artículo es un guion de conversación para esa llamada o esa reunión: las nueve preguntas que vale la pena hacer antes de firmar, por qué cada una importa, cómo suena una buena respuesta y qué debería ponerte en modo «aquí falta algo». No se trata de revisar un informe que ya te entregaron ni de poner cotizaciones lado a lado. Se trata de la conversación previa, la que define de verdad qué te van a entregar.
1. Lo que tú tienes que llevar a la conversación
Antes de las preguntas, un detalle que cambia la calidad de todas las respuestas: el ingeniero solo puede dimensionar bien el estudio si tú le das información básica del proyecto. Si llamas diciendo «necesito un estudio de suelos para un lote», cualquier respuesta que te den será genérica, y una respuesta genérica no te sirve para decidir.
Ten a mano lo siguiente, aunque sea aproximado:
- Ubicación exacta del predio: dirección, vereda o coordenadas. El municipio y el sector cambian mucho el panorama geológico.
- Área del lote y área que piensas ocupar con la construcción.
- Qué vas a construir: vivienda de dos niveles, edificio de seis pisos, bodega, muro de contención, ampliación sobre una casa existente.
- Si hay sótanos o cortes previstos, y de qué profundidad.
- Cómo es el terreno: plano, con pendiente suave, con un talud atrás, con un lleno que hizo el dueño anterior.
- Si tienes planos arquitectónicos o un predimensionamiento estructural, así sea preliminar.
- Antecedentes del lote: si hubo construcciones antes, si hay grietas en construcciones vecinas, si por ahí pasa o pasaba una quebrada, si aparecen humedades permanentes.
Con eso en la mano, las preguntas que siguen dejan de ser un cuestionario y se vuelven una conversación técnica de verdad.
2. «¿Cuántos sondeos vas a hacer y hasta qué profundidad?»
Por qué la haces. Los sondeos son el corazón del estudio: son las perforaciones donde se toman las muestras y se mide la resistencia del suelo. Todo lo demás —los ensayos, los cálculos, las recomendaciones— se construye sobre esa información. Si los sondeos son pocos o demasiado someros, el resto del informe descansa sobre datos insuficientes, por bien redactado que esté.
Cómo suena una buena respuesta. Un ingeniero con criterio te da un número y lo justifica con dos cosas: la categoría de la unidad de construcción según el Título H de la NSR-10 (baja, media, alta o especial, que depende de los niveles y de las cargas del proyecto) y las características del lote. Debería sonar parecido a esto: «Por el tipo y el tamaño de tu proyecto, la norma lo clasifica en tal categoría, y para esa categoría el Título H fija un mínimo de sondeos y una profundidad mínima. Voy a hacer ese mínimo, y como el lote tiene un cambio de nivel en la parte de atrás, agrego uno más allá para verificar si el perfil cambia. La profundidad la llevo hasta encontrar un material competente y luego un tramo adicional por debajo del nivel de apoyo previsto de la cimentación».
Fíjate en la estructura de esa respuesta: número, criterio normativo, criterio del sitio y criterio del proyecto. No es un número suelto. Si quieres entender mejor de dónde salen esos mínimos, lo desarrollamos en detalle en cuántos sondeos y a qué profundidad exige la NSR-10.
Qué debería encenderte una alarma. Que te den un número sin ninguna justificación («con uno le sirve», «yo siempre hago dos») o que la profundidad se defina de entrada sin relación con lo que vas a construir. Otra señal: que la respuesta no dependa en absoluto de lo que le contaste del proyecto. Si le dices «son dos pisos» o «es un edificio de siete» y el alcance no se mueve ni un centímetro, algo no está bien planteado.
La pregunta que va pegada: «¿por qué esa profundidad?»
Esta es la repregunta más útil de toda la conversación, y es fácil de hacer. La profundidad de un sondeo no se decide por costumbre: se decide porque la zona de suelo que realmente trabaja bajo una cimentación depende del ancho y del tipo de esa cimentación. Un edificio con zapatas grandes «siente» el suelo mucho más abajo que una casa pequeña. Si hay sótano, la exploración tiene que ir bastante más abajo del nivel excavado, porque ahí es donde va a apoyar la estructura.
Una buena respuesta menciona el nivel probable de apoyo, la posibilidad de que haya materiales blandos por debajo y la intención de atravesarlos, no de quedarse encima de ellos. Una respuesta que preocupa es la que se detiene «cuando la máquina ya no baja más» sin explicar si eso es roca, un bloque suelto o simplemente el límite del equipo que llevaron ese día.
3. «¿Qué ensayos de laboratorio vas a hacer y sobre cuántas muestras?»
Por qué la haces. Perforar y sacar muestras es apenas la mitad del trabajo. La otra mitad ocurre en el laboratorio, donde esas muestras se clasifican y se someten a ensayos que permiten estimar resistencia, compresibilidad y comportamiento frente al agua. Un estudio con muchos sondeos y poco laboratorio termina siendo una descripción del terreno más que un análisis.
Cómo suena una buena respuesta. Debería incluir dos niveles. Primero, los ensayos de identificación y clasificación, que se hacen sobre varias muestras a lo largo del perfil: humedad natural, límites de consistencia, granulometría. Segundo, los ensayos de resistencia o deformación sobre las muestras representativas de los estratos que realmente van a soportar la carga: compresión inconfinada, corte directo, triaxial o consolidación, según el tipo de suelo y el proyecto.
Y debería venir con una lógica: «Voy a clasificar todas las muestras del perfil y, sobre el estrato de apoyo, hago ensayos de resistencia en las muestras inalteradas que logre recuperar. Si aparece un suelo blando y compresible, agrego consolidación porque ahí el problema no es la falla, son los asentamientos». Ese razonamiento —el ensayo escogido en función del problema esperado— es la marca de alguien que ya pensó en tu lote. Si te interesa el detalle de cada ensayo, para qué sirve y qué le pasa a tu muestra desde que sale de la perforación, lo explicamos en qué ensayos de laboratorio necesita tu proyecto.
Qué debería encenderte una alarma. Que la respuesta sea «los ensayos que se necesiten» y no pase de ahí. También, que el laboratorio se mencione como un trámite y no como una parte del alcance: si el ingeniero no puede nombrar qué ensayos piensa correr ni sobre cuántas muestras aproximadamente, es difícil saber qué vas a recibir. Y una señal más sutil: que se hable solo de ensayos de clasificación. Clasificar el suelo dice qué es; no dice cuánto resiste.
4. «La capacidad portante, ¿sale de ensayos o de correlación con el SPT?»
Por qué la haces. Esta es la pregunta que separa las conversaciones superficiales de las que tienen fondo, y es más fácil de hacer de lo que parece. La capacidad portante —cuánta carga admite el suelo— se puede estimar por dos caminos: a partir de parámetros medidos en laboratorio sobre muestras del sitio, o mediante correlaciones empíricas con el número de golpes del ensayo de penetración estándar (SPT), que se mide directamente en la perforación.
Ninguno de los dos caminos está mal. El SPT es una herramienta legítima y ampliamente usada, sobre todo en suelos granulares donde es difícil sacar muestras inalteradas. El problema no es usar correlaciones: el problema es usarlas sin decirlo, o usarlas solas en un suelo donde no aplican bien.
Cómo suena una buena respuesta. Transparencia y criterio: «En los estratos arenosos voy a trabajar con correlaciones a partir del SPT porque ahí no es viable recuperar muestra inalterada, y en el estrato arcilloso de apoyo hago ensayos de resistencia en laboratorio y comparo los dos resultados. En el informe queda escrito cuál parámetro salió de dónde». Esa última frase es oro: significa que vas a poder rastrear cada número hasta su origen.
Qué debería encenderte una alarma. Que la pregunta se esquive o se responda con vaguedad. También, que todo el análisis dependa de correlaciones en un suelo fino y blando, donde los asentamientos suelen mandar sobre la resistencia. Y un caso puntual que conviene tener presente: si el proyecto es grande o el suelo es complicado, apoyar todo en una sola fuente de información deja el diseño sin contraste.
5. «¿El informe va a incluir recomendación de cimentación y presión admisible?»
Por qué la haces. Porque un estudio de suelos no termina cuando se describe el terreno: termina cuando entrega los datos que el ingeniero estructural necesita para diseñar. Si el informe se queda en «el suelo es una arcilla limosa de consistencia media», tú tienes un documento interesante y un diseñador sin insumos.
Cómo suena una buena respuesta. El ingeniero enumera con naturalidad lo que va a entregar: perfil estratigráfico, nivel freático si aparece, tipo de cimentación recomendado (superficial o profunda), profundidad de desplante, capacidad portante admisible, estimación de asentamientos, y recomendaciones constructivas para la excavación y el manejo del agua. Si el proyecto lo amerita, también parámetros para diseño de estructuras de contención.
Una respuesta especialmente buena agrega algo así: «Y si el diseño estructural cambia —por ejemplo, si terminan usando losa de cimentación en vez de zapatas— hablamos, porque los parámetros pueden ajustarse». Eso muestra que el ingeniero entiende que su informe es un insumo dentro de una cadena de decisiones. Vale la pena tener claro quién hace qué en esa cadena; lo explicamos en arquitecto, estructural y geotecnista: quién hace qué.
Qué debería encenderte una alarma. Que el alcance descrito sea solo descriptivo, sin recomendaciones. También, que te prometan un valor de presión admisible antes de perforar. Nadie puede saber cuánto resiste un suelo que todavía no ha explorado; si en la conversación previa ya te dan una cifra «para que vayas avanzando», eso no es agilidad, es un número inventado que después alguien va a usar para diseñar.
6. «¿Quién firma el informe y con qué matrícula profesional?»
Por qué la haces. Porque la firma no es un formalismo: es la asunción de responsabilidad. Un estudio de suelos es un documento técnico del cual alguien responde profesionalmente, y esa persona debe estar habilitada para hacerlo. Además, en muchos trámites de licencia el documento tiene que venir firmado por un profesional idóneo, así que esto también te evita un tropiezo administrativo.
Cómo suena una buena respuesta. Directa y sin rodeos: te dan el nombre de quien firma, su profesión, su número de matrícula profesional y, si aplica, su especialización o experiencia en geotecnia. Muchos profesionales serios te lo ofrecen antes de que preguntes. Si la empresa es grande y el trabajo lo ejecuta un equipo, la respuesta correcta sigue siendo clara: «el informe lo firma el ingeniero tal, que es el responsable técnico».
Qué debería encenderte una alarma. Evasivas del tipo «eso lo firma la empresa» sin nombrar a una persona, o «después vemos quién firma». También, que la persona que firma no tenga ninguna relación con quien hizo el trabajo. Ampliamos el tema de la responsabilidad profesional en qué firma y de qué responde un ingeniero geotecnista.
7. «Mi lote tiene pendiente: ¿el estudio incluye análisis de estabilidad?»
Por qué la haces. En buena parte del Valle de Aburrá y del Oriente antioqueño los lotes tienen pendiente, taludes de corte, llenos o vecinos construidos a media ladera. En esas condiciones existen dos preguntas distintas: ¿el suelo aguanta la carga de mi edificio? y ¿la ladera es estable con lo que voy a construir encima o al lado? Un estudio puede responder la primera perfectamente y no tocar la segunda. Si tu lote está en ladera, esa omisión importa.
Cómo suena una buena respuesta. El ingeniero distingue las dos cosas sin que tú se lo pidas: «El estudio de suelos convencional te da capacidad portante y asentamientos. Como tienes un talud de esa altura detrás de la casa y vas a hacer un corte, hay que evaluar la estabilidad de esa ladera, lo cual implica modelar y verificar factores de seguridad. Eso es un alcance adicional y te lo digo desde ahora». Ojo a esa última frase: que te avisen antes evita la conversación incómoda a mitad de camino.
Qué debería encenderte una alarma. Que el tema se despache con un «eso ahí no hay problema» mirando el lote desde la vía. También, que se prometa incluir estabilidad sin ningún cambio de alcance, tiempo ni información adicional: modelar una ladera exige datos que solo se obtienen con exploración y ensayos orientados a eso. La diferencia entre uno y otro alcance está explicada en estudio de suelos, estudio geotécnico y análisis de estabilidad.
8. «¿En cuánto tiempo entregan y de qué depende ese plazo?»
Por qué la haces. Porque el estudio de suelos suele estar en la ruta crítica: el estructural no diseña sin él y la licencia no avanza sin el diseño. Necesitas un plazo realista para planear, no un plazo optimista para tranquilizarte.
Cómo suena una buena respuesta. Un plazo desglosado en etapas: movilización y trabajo de campo, laboratorio, análisis y redacción del informe. Y una explicación de qué lo puede alargar: el acceso al lote, la disponibilidad del equipo de perforación, el clima en zonas de ladera, y sobre todo el tipo de ensayos. Hay ensayos que por su naturaleza toman varios días —la consolidación, por ejemplo, requiere aplicar cargas por etapas y esperar—, y ningún laboratorio serio los acelera.
Una respuesta que da confianza incluye la frase «si algo se atrasa, te aviso». Suena simple, pero es la diferencia entre un proveedor y un aliado técnico.
Qué debería encenderte una alarma. Un plazo llamativamente corto que no distingue campo de laboratorio. Si el tiempo total prometido no alcanza para ejecutar los ensayos que acaban de describirte, hay una inconsistencia entre lo que se ofrece y lo que se puede hacer. Tampoco es buena señal un plazo sin ninguna condición: en campo siempre hay variables, y reconocerlas de entrada es más profesional que ignorarlas.
9. «¿Qué pasa si en campo aparece algo distinto a lo previsto?»
Por qué la haces. Porque el subsuelo es lo único del proyecto que nadie puede ver antes de abrirlo. Puede aparecer un lleno antiguo con escombros, un nivel freático más alto de lo esperado, un bloque de roca que impide continuar, un estrato blando justo debajo de la cota de apoyo. Esto no es un fracaso del estudio: es exactamente para lo que sirve el estudio. Lo que quieres saber es cómo se maneja cuando ocurre.
Cómo suena una buena respuesta. Un procedimiento, no una promesa: «Si al perforar encuentro algo que no cuadra con lo previsto, te llamo antes de seguir. Te explico qué apareció y qué implica: puede que haya que profundizar más, mover un sondeo, agregar otro o cambiar el tipo de ensayo. Acordamos contigo el ajuste de alcance y de tiempo, y queda por escrito». Esa respuesta te dice tres cosas valiosas: que te van a informar, que te van a explicar y que no van a improvisar por su cuenta ni a seguir de largo.
También es buena señal que el ingeniero mencione lo contrario: que si el terreno resulta más sencillo de lo esperado, también te lo dirá.
Qué debería encenderte una alarma. Dos extremos. Uno: «eso no pasa» o «yo lo resuelvo ahí mismo», sin ningún mecanismo de comunicación contigo. Dos: que cualquier hallazgo sea presentado desde ya como algo que se cobrará aparte sin conversación previa. Lo sano está en el medio: un protocolo claro de aviso, explicación y acuerdo antes de continuar.
10. «¿Me entregan el informe en digital y firmado?»
Por qué la haces. Porque ese documento va a circular. Lo va a leer el ingeniero estructural, lo va a revisar la curaduría, lo va a pedir el banco o el comprador, y lo vas a necesitar tú dentro de varios años si aparece una fisura y alguien pregunta sobre qué se cimentó la casa. Un informe que existe solo en una carpeta impresa en la oficina de alguien más no te sirve para nada de eso.
Cómo suena una buena respuesta. Que te entreguen el informe completo en formato digital, firmado, con los anexos incluidos: registros de perforación, resultados de laboratorio, memorias de cálculo, plano de localización de los sondeos y registro fotográfico. Y que quede claro que el documento es tuyo, para el proyecto que contrataste.
Qué debería encenderte una alarma. Que solo te entreguen un resumen de conclusiones sin los anexos. Sin los registros de campo y los resultados de laboratorio, nadie —ni tú ni el estructural— puede verificar de dónde salen las recomendaciones. También llama la atención que se condicione la entrega digital, o que el informe llegue sin firma «porque después la ponemos».
11. Tu guion en una sola página
Esta tabla resume la conversación. Sirve para tenerla abierta en el celular mientras hablas, y para revisarla después con calma.
| Lo que preguntas | Cómo suena una buena respuesta | Qué debería encenderte una alarma |
|---|---|---|
| ¿Cuántos sondeos y a qué profundidad? | Un número justificado por la categoría del proyecto según el Título H y por las condiciones del lote | Un número suelto, sin criterio, que no cambia aunque cambie el proyecto |
| ¿Por qué esa profundidad? | Se relaciona con el nivel de apoyo previsto y con atravesar posibles materiales blandos | «Hasta donde llegue la máquina», sin explicar qué se encontró |
| ¿Qué ensayos y sobre cuántas muestras? | Clasificación en el perfil y ensayos de resistencia o consolidación en los estratos de apoyo | «Los que se necesiten»; solo ensayos de clasificación |
| ¿La capacidad portante sale de ensayos o de correlación con SPT? | Se explica qué parámetro sale de dónde y queda escrito en el informe | Se evade la pregunta o todo depende de correlaciones en suelos finos y blandos |
| ¿Incluye recomendación de cimentación y presión admisible? | Lista concreta: tipo de cimentación, profundidad de desplante, capacidad admisible, asentamientos | Alcance solo descriptivo, o una cifra prometida antes de perforar |
| ¿Quién firma y con qué matrícula? | Nombre, profesión y matrícula del responsable técnico | «Firma la empresa», sin persona identificable |
| ¿Incluye análisis de estabilidad si hay pendiente? | Se distingue capacidad portante de estabilidad de ladera y se define el alcance desde el principio | «Ahí no hay problema» dicho desde la vía, o estabilidad ofrecida sin cambio de alcance |
| ¿En cuánto tiempo entregan? | Plazo por etapas (campo, laboratorio, informe) y qué lo puede alargar | Un plazo total muy corto que no alcanza para los ensayos ofrecidos |
| ¿Qué pasa si aparece algo distinto? | Protocolo de aviso, explicación y acuerdo por escrito antes de continuar | «Eso no pasa» o decisiones tomadas en campo sin informarte |
| ¿Entregan digital y firmado? | Informe completo con anexos: registros, laboratorio, memorias y localización de sondeos | Solo un resumen de conclusiones, sin anexos ni firma |
12. Cómo llevar la conversación sin que parezca un interrogatorio
Un detalle práctico: la forma importa tanto como el contenido. No se trata de leer diez preguntas seguidas como quien revisa una lista de chequeo. Funciona mucho mejor así:
- Empieza contando tu proyecto, no preguntando. Deja que el ingeniero te explique cómo lo abordaría; probablemente responda cuatro o cinco de las preguntas solo.
- Pregunta por lo que falte, en el orden natural de la conversación: primero campo, después laboratorio, después informe, después logística.
- Repregunta el «por qué». Es la herramienta más poderosa que tienes sin saber geotecnia. «¿Y por qué a esa profundidad?» o «¿por qué ese ensayo y no otro?» abren respuestas que valen más que cualquier folleto.
- Escribe lo que te respondan. No para fiscalizar, sino porque después vas a necesitar recordar qué se acordó, y porque un alcance que existe por escrito protege a las dos partes.
- Pide que el alcance quede en la propuesta. Número de sondeos, profundidad estimada, ensayos previstos, entregables, plazo y responsable técnico. Si algo de eso se conversó pero no quedó escrito, pídelo con naturalidad: es una petición razonable y cualquier profesional la entiende.
Una señal que vale por todas
Si tuvieras que quedarte con un solo criterio, quédate con este: fíjate si las respuestas cambian cuando cambia la información de tu proyecto. Un ingeniero que ajusta el alcance cuando le dices que hay sótano, que el lote tiene pendiente o que el edificio subió de tres a cinco pisos, está pensando en tu caso. Un alcance idéntico para cualquier proyecto es, casi siempre, un alcance que no fue pensado para el tuyo.
Y una última cosa sobre el tono. Estas preguntas no son una prueba de honestidad, son una prueba de encaje: sirven para saber si lo que necesitas y lo que te van a entregar son la misma cosa. La gran mayoría de las conversaciones terminan bien, con las dos partes entendiendo mejor el proyecto. Ese es exactamente el punto.
Conclusión
Contratar un estudio de suelos sin saber de geotecnia es perfectamente posible; contratarlo sin hacer preguntas es lo que después sale caro. Las diez preguntas de este guion no requieren conocimiento técnico para formularse, pero sí revelan mucho: cuántos sondeos y por qué, qué ensayos y sobre cuántas muestras, de dónde sale la capacidad portante, qué recomendaciones trae el informe, quién responde por él, si la ladera se va a analizar, cuánto se demora, qué pasa si el subsuelo sorprende y cómo te lo entregan.
Lo que buscas en las respuestas no es una fórmula mágica, es coherencia: que el alcance se derive de tu proyecto, que cada número tenga un origen rastreable y que exista un plan claro para cuando el terreno no se comporte como se esperaba. Cuando escuchas eso, ya no estás comprando un documento a ciegas: estás contratando un criterio técnico que va a sostener todo lo que construyas encima.
💡 Si estás por contratar tu estudio de suelos y quieres hacer estas preguntas con alguien que las responda una por una, escríbenos y conversamos sobre tu lote y tu proyecto antes de que tomes la decisión.
Preguntas frecuentes
Lo que más nos preguntan sobre este tema
¿Es incómodo hacerle tantas preguntas a un ingeniero antes de contratarlo?
No debería serlo. Estas preguntas no ponen en duda a nadie: definen el alcance del trabajo. Un profesional serio suele agradecer hablar con alguien que se interesa por el detalle, porque eso evita malentendidos cuando ya hay una obra esperando un dato.
¿Qué información debo tener lista antes de esa conversación?
Ubicación exacta del predio, área del lote y área a construir, qué vas a levantar y cuántos niveles, si habrá sótanos o cortes, cómo es el terreno (plano o en pendiente), planos si los tienes y antecedentes del lote como llenos, quebradas cercanas o grietas en construcciones vecinas.
¿Está mal que la capacidad portante salga de correlaciones con el SPT?
No. El SPT es una herramienta legítima y muy usada, sobre todo en suelos granulares donde es difícil recuperar muestras inalteradas. Lo importante es que se diga con claridad qué parámetro salió de una correlación y cuál de un ensayo de laboratorio, y que quede escrito en el informe.
¿El estudio de suelos incluye siempre el análisis de estabilidad del talud?
No. Son alcances distintos. El estudio convencional entrega capacidad portante y asentamientos; evaluar la estabilidad de una ladera implica modelar y verificar factores de seguridad, lo que exige exploración y ensayos orientados a eso. Si tu lote tiene pendiente, conviene pactarlo desde el principio.
¿Puedo pedir que me den la presión admisible antes de perforar?
No, y si te la ofrecen es una señal de alerta. Nadie puede saber cuánto resiste un suelo que todavía no ha explorado. Un valor entregado antes de la exploración no tiene respaldo y después alguien podría usarlo para diseñar.
¿Qué debe incluir el informe cuando me lo entreguen?
El documento completo en digital y firmado, con anexos: registros de perforación, resultados de laboratorio, memorias de cálculo, plano de localización de los sondeos y registro fotográfico. Sin los anexos, nadie puede verificar de dónde salen las recomendaciones.
¿Estás por contratar tu estudio de suelos?
Cuéntanos dónde queda el lote y qué piensas construir. Respondemos estas preguntas una por una para tu caso, antes de que tomes la decisión.